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Miedo a hablar en público: lo que sí se puede entrenar

Los nervios no desaparecen. Empeñarse en eliminarlos es parte del problema.

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4sdespués de quedarte en blanco

Casi todos los consejos sobre hablar en público prometen quitarte los nervios. No se van. Los siguen teniendo actores con cuarenta años de escenario y ponentes que han dado mil charlas. Lo que cambia con la práctica no es la cantidad de nervios: es lo que sabes hacer con ellos.

Y hay una parte buena: quien te escucha nota mucho menos de lo que crees. Lo que tú vives como un temblor evidente, desde la tercera fila es una persona hablando.

El diploma que Warren Buffett tiene colgado

No es el de la Universidad de Nebraska ni el de Columbia. Es el de un curso de oratoria de cien dólares que hizo con veintipocos años, muerto de miedo. Ha dicho que si no lo hubiera hecho, su vida entera habría sido distinta, y que hablar bien en público sube el valor de una persona un 50 % de golpe.

Declaraciones recogidas por CNBC, 2017 y 2024.

Los primeros treinta segundos

En esos primeros segundos se concentra casi todo el nervio; por eso son la parte que más conviene ensayar. Si tienes el arranque tan sabido que puede salir solo, tu cabeza queda libre para lo que venga después.

Ensáyalo en voz alta y de pie, no repasado mentalmente. Repasar en la cabeza es más rápido y no entrena nada: no hay respiración, ni voz, ni el momento de mirar a alguien.

Arranque que se cae

Bueno, hola a todos, eh… no sé si se me oye… bueno, pues nada, yo venía a hablaros un poco de…

Cuatro muletillas en una frase, todas hijas de no saber cómo empezar. Y una disculpa encubierta: «un poco de» rebaja lo que vas a contar antes de contarlo.

Arranque ensayado

El año pasado perdimos catorce clientes. Doce se fueron por lo mismo. Os cuento qué era y qué hemos hecho.

Empieza por el dato, no por ti. Y funciona por otra razón: no depende de que te salga bien la voz en el primer segundo, porque la primera frase es corta.

La respiración: un recurso físico que sí controlas

Cuando entran los nervios, la respiración se sube al pecho y se acorta. Eso agudiza la voz y acelera el habla, dos señales que suenan a inseguridad. Pensar en calmarse no lo resuelve. Lo que sí ayuda es alargar la exhalación: soltar el aire más despacio de lo que se coge, tres o cuatro veces, antes de empezar. Es mecánico y baja el pulso de verdad.

Quedarse en blanco

Va a pasar alguna vez. Lo que convierte un blanco en un desastre no es el blanco: es lo que se hace en los cuatro segundos siguientes, que suele ser pedir perdón y perder el hilo del todo.

Lo que funciona es tener una salida preparada y usarla sin dramatismo: «Se me ha ido. Dame un segundo». Haz una pausa y bebe agua. Al público le parece completamente normal —hace pausas a diario— y a ti te devuelve el sitio. La gente perdona el silencio; lo que se contagia es el pánico.

El turno de preguntas

El turno de preguntas bloquea a más personas que la propia charla porque casi nadie lo ensaya. Dos reglas ayudan: repetir la pregunta en voz alta antes de responder —te da tres segundos y asegura que todos la han oído— y poder decir «no lo sé, lo miro y te contesto», una respuesta que suma en vez de restar.

Para llevarte

Desde la tercera fila no se ve el temblor. Se ve a alguien hablando.

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Fuentes y lecturas

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