Formación comercial
Roleplay de ventas: convertir la formación en hábito
Tu equipo ya sabe qué debería decir. El problema aparece cuando hay alguien delante.
4errores que arruinan un ensayo
Casi todos los equipos comerciales han pasado por una formación de ventas. Casi ninguno cambió lo que hace al día siguiente. No es culpa del formador ni del equipo: es que escuchar cómo se responde a una objeción y responderla son dos habilidades distintas, y solo se entrena la primera.
Un roleplay de ventas entrena precisamente la segunda habilidad. Una persona hace de cliente y otra vende, en voz alta, con sus propias palabras. Sin diapositivas, sin apuntes y sin saltarse el momento incómodo.
Por qué la teoría se cae en la llamada
Cuando alguien te dice «me lo tengo que pensar», el cuerpo reacciona antes que la cabeza. Sube el ritmo, se acorta la respiración y aparecen las prisas por rellenar el silencio. Nada de eso se corrige conociendo la respuesta correcta, sino después de atravesarlo varias veces.
Es la misma razón por la que nadie aprende a conducir leyendo el manual. La información es necesaria y no es suficiente.
Cómo es un roleplay que sirve
La diferencia entre uno útil y uno que da vergüenza ajena está en cuatro decisiones:
- La escena sale del equipo, no del formador. «Un cliente difícil» no es una escena. «El cliente que pide descuento en el minuto uno porque el año pasado se lo dimos» sí lo es.
- Quien hace de cliente responde como responden de verdad. Con prisa, interrumpiendo, mirando el móvil, sin querer colaborar. Un cliente amable no entrena nada.
- Se para en el momento exacto. No al final: en el segundo en que la conversación se torció. Ahí es donde hay algo que ver.
- Se repite. Una sola toma es una anécdota. La segunda y la tercera son el entrenamiento.
Los cuatro errores que lo arruinan
He visto los cuatro, y tres de ellos los he cometido yo:
- Convertirlo en un examen. Si el equipo siente que se le evalúa, actúa para quedar bien y deja de practicar. Se nota enseguida: hablan más bonito de lo que hablan en la oficina.
- Empezar por el más tímido. Se quema la escena y se pierde a esa persona para el resto de la sesión.
- Dejar que solo el formador dé feedback. Los compañeros ven cosas que quien dirige no percibe; al compartirlas, el aprendizaje permanece en el equipo cuando el formador se va.
- Terminar sin escribir nada. Lo que no sale en una hoja el viernes no existe el lunes.
Un ejemplo, en tres tomas
Mira, ahora mismo no es el momento. Llámame en septiembre.
Vale, perfecto, pues te llamo en septiembre entonces. ¡Gracias!
Cordial y perdido. Septiembre no existe: cuando llegue, esta persona no se acordará de quién eres y la conversación empieza de cero.
Sin problema. Antes de colgar, ¿qué tendría que haber cambiado en septiembre para que sí sea el momento?
La pregunta no insiste ni presiona. Pero obliga a poner sobre la mesa la condición real, y muchas veces la respuesta es «nada, es que ahora no tengo presupuesto» —que es una conversación completamente distinta y mucho más útil que un aviso en el calendario.
Cuánto se tarda en notar algo
Menos de lo que parece. En noventa minutos con un equipo pequeño da tiempo a elegir una escena, hacerla dos veces y salir con las frases escritas. Lo que no se consigue en noventa minutos es que se instale: para eso hace falta repetir con escenas nuevas durante unas semanas.
Para llevarte
- Saber la respuesta y poder darla con alguien delante son dos cosas distintas.
- La escena tiene que ser vuestra, concreta y con nombre.
- Quien hace de cliente no debe ponerlo fácil.
- Una toma es una anécdota; tres son entrenamiento.
Si al terminar nadie ha pasado un poco de vergüenza, no era un roleplay.
El objetivo no es que el equipo salga motivado, sino que salga entrenado.
Fuentes y lecturas
- Taylor, Russ-Eft & Chan: práctica de escenarios propios y transferencia de habilidades.
- Roger Fisher, William Ury & Bruce Patton, Getting to Yes / Sí… de acuerdo!: negociación basada en intereses.